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El Real Alcázar como sede virtual del Museo Imaginado

El Real Alcázar de Madrid, destruido en un incendio ocurrido en 1.734, fue residencia de los monarcas españoles desde Carlos I a Felipe V. El edificio está amplia, aunque fragmentariamente, documentado. Se conocen sus planos y está representado tanto exterior como interiormente en dibujos, grabados y pinturas de su tiempo. Incluso disponemos de una maqueta histórica de su fachada principal.
El edificio será objeto de una minuciosa restauración virtual, que se está desarrollando con el planteamiento de un trabajo de investigación y de creación: se trata no sólo de reconstruirlo, sino de convertirlo en sede virtual de un museo, cuyos documentos abarcan el pasado, el presente y el futuro.
Diversos aspectos tendrá este trabajo. En primer lugar, la reconstrucción histórica de las diferentes reformas que sufrió el edificio a lo largo del tiempo, como la recreación de sus estancias, ornamentación y fachada principal en su aspecto final, en la fecha en que fue destruido por el fuego. En segundo lugar, la rehabilitación de dos alas más del edificio para albergar en ellas las salas históricas del Museo Imaginado. Finalmente, la construcción de una nueva fachada del edificio en su zona norte, que será destinada a las colecciones de los siglos XIX y XX, y que deberá cumplir dos objetivos: armonizar con el edificio en su conjunto y ser representativa de la arquitectura, virtual, de nuestro tiempo.
Un museo virtual debe servir sin condicionantes a la mejor visualización posible de las obras que alberga y sólo como un aliciente más para el proyecto deberá ofrecer la disposición de un entorno real, de un espacio arquitectónico representativo, desde el que acceder a la visualización e información sobre los cuadros por los procedimientos propios de una obra audiovisual.
En este sentido, intentaremos ofrecer un recorrido virtual por las salas, recreando una posible realidad imposible, pero el museo dará prioridad al espacio documental, es decir, a la posibilidad de albergar y dar acceso a la información, constituyendo una herramienta dinámica para procesar y recuperar la información mediante diferentes procedimientos de búsqueda. Integraremos pues, la base de datos en un espacio virtual representativo, que no debe obstaculizar el funcionamiento de la base de datos, sino adoptar la función de un "navegador" para recuperar información.
Despojándonos de los convencionalismos del museo real: intuímos un interior rico en claroscuros, el ambiente lumínico de Las Meninas, que reproduce exactamente una de las piezas de este palacio: la sala del Príncipe Baltasar Carlos. Una sucesión de salas comunicadas entre sí, en las que la luz procede siempre sólo por uno de sus lados a través de ventanales múltiples, estrechos y altos, que dosifican la luz modularmente. La orientación del edificio nos hará deducir la luminosidad de cada una de las salas, más caliente en la zona sur, más fría en la zona norte. El ambiente es el idóneo para una recreación museística en la que prevalece cierto misterio.
Los modernos museos nos tienen habituados a una extra-valoración de la luz, que tiende a inundar todos los espacios y que produce horrorosas mezclas de luz natural y luz artificial. En la recreación del espacio arquitectónico intentaremos ser respetuosos con la naturaleza de la luz, pero también con la de las sombras, para no despojar a los cuadros de su intimidad. Trataremos de descubrir en ellos sus propias luces y sus propias sombras, de apreciarlos como verdaderas ventanas visuales a las que también podamos acceder desde un entorno neutro. Creemos la ficción de que el cuadro nunca estuvo exteriormente iluminado, sino que responde sólo a la luz, al color y a las formas que constituyen su imagen: a los elementos intrínsecos de la representación.